Los Juegos de la 29ª Olimpiada 08 - 24 de agosto de 2008

Historia de los Juegos Olímpicos antiguos

Olimpia

Olimpia, el sitio de los Juegos Olímpicos Antiguos, está en la parte occidental de la península Peloponense, que de acuerdo con la mitología griega, fue el rey de "Pelops", uno de los supuestos fundadores de los Juegos Olímpicos. Los templos y edificios imponentes, y construcciones elaboradas se combinan con un sitio de belleza natural.

Olimpia funcionó como un lugar de reunión para adoración y otras prácticas religiosas y políticas durante el siglo X A.C. La parte central de Olimpia fue dominada por el templo de Zeus, paralelo a él se encontraba el templo de Hiedra. El estadio antiguo en Olimpia podría acomodar más de 40.000 espectadores, mientras que a sus alrededores estaban construcciones auxiliares que se desarrollaron gradualmente hasta el siglo IV A.C. y fueron usadas como sitios de entrenamiento de los atletas o para albergar a los jueces de los Juegos.

Los Juegos y la religión

Los Juegos de la era antigua se celebraban dentro de un contexto de festival religioso. Tenían lugar en honor a Zeus, el rey de los Dioses griegos. Los atletas oraban a los dioses rogando por su victoria, y cuando se cumplían sus sueños de éxito hacían regalos de animales o de otros productos en agradecimiento. Según la leyenda el altar de Zeus se encontraba en el lugar donde cayó un rayo que había sido lanzado por el Dios desde su trono en lo alto del monte Olimpo, lugar donde se reunían los Dioses. En honor a esta leyenda algunas monedas de Elis tenían la imagen de un rayo en su reverso. Con el paso del tiempo los Juegos florecieron y Olimpia se convirtió en el principal lugar para la adoración a Zeus.

Ceremonias de victoria

El vencedor olímpico recibía sus primeros premios inmediatamente después de la competición. Luego del anuncio del nombre del ganador por parte del heraldo, un hellanodice (juez) le colocaba una rama de palma en sus manos, entre aplausos de los espectadores quienes le tiraban flores. Cintas rojas se le ataban a su cabeza y sus manos como señal de victoria.

La ceremonia oficial de entrega de premios tenía lugar en el último día de los Juegos en el elevado vestíbulo del templo de Zeus. En voz alta, el heraldo anunciaba el nombre del vencedor, el de su progenitor y su país. Luego el heraldo le colocaba la sagrada corona de olivo, o kotinos, en su cabeza.